“Cuando llegue el 2030: El Principito en el Congreso que se Olvido de la Gente”
“Si no votamos con conciencia, de aquí al 2030 podríamos quedar atrapados en un país dirigido por promesas que nunca se cumplieron y programas que se esfumaron apenas terminó la campaña. Un país gobernado por ilusiones, mientras lo esencial se deshace. Por eso no podemos seguir dándole espacio a quienes prometen mundos y entregan migajas: es hora de asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos, exigir hechos y construir con criterio el futuro que nos tocará vivir.”
El silencio que habla: cuando callar es una forma de gobernar
“Cuando callar es una forma de gobernar — En un edificio donde los adultos dicen proteger a los niños, el Principito descubre que el silencio de ciertos gobernantes no es prudencia sino estrategia: una forma de ocultar lo que no se atreven a decir.”
El Principito y los hijos del Estado
Colombia impulsa una ley que dice proteger a los niños, pero los arranca de su raíz: la familia. Como en los regímenes que alguna vez prometieron igualdad, el Estado se disfraza de padre y convierte el amor en trámite. La historia vuelve a repetirse, y solo el voto podrá detenerla.
EL PRINCIPITO Y LA NACIÓN DEL CAMBIO: ENTRE LAS ESTRELLAS PERDIDAS DE LA ÉTICA
Vivimos en una sociedad líquida donde los valores se diluyen entre discursos que prometen progreso pero siembran confusión. La vida, la niñez, la familia, la maternidad y hasta la muerte se han vuelto temas de debate, manipulados por intereses políticos y agendas internacionales que dicen hablar de derechos, pero que han olvidado el alma del ser humano. Nuestros representantes —los que juraron proteger a los niños, a la familia y la dignidad de la mujer— ya no legislan con conciencia, sino con cálculo.
Laura, la niña que cayó con el proyecto que nunca defendieron: Silencio
El proyecto “Con los niños no se metan” prometía defender a la infancia, pero terminó siendo otra consigna vacía archivada entre los discursos de campaña. Lo presentaron como bandera moral, pero nunca lo trabajaron con rigor legislativo ni con convicción política. Mientras en los pasillos se hablaba de valores y familia, en el Congreso se imponía la rutina del aplazamiento, del cálculo y de la omisión.
Laura —la niña que hoy simboliza el abandono institucional— no fue víctima del azar, sino del silencio de quienes juraron protegerla. Cada vez que un proyecto se presenta solo para ganar aplausos y no para transformar realidades, se legisla la mentira. En nombre de Dios y de la niñez, se levantaron promesas que jamás llegaron a convertirse en leyes. Y así, entre comunicados y fotos de campaña, el poder demostró que su fe era marketing, no coherencia.
Porque cuando la política convierte la defensa de los niños en un eslogan, no solo se traiciona a la infancia: se prostituye la palabra “valores”.