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Lorena y el fuego del asteroide: cuando la unción se confunde con la ambición

“En el universo político colombiano, donde muchos juran hablar en nombre de Dios pero legislan en nombre del poder, la fe se volvió discurso y la coherencia, excepción. Lorena Ríos, que hoy se proclama “ungida para gobernar”, olvida que Daniel no buscó el trono: lo resistió. Y que quien de verdad recibe un llamado divino no se arrodilla ante el fuego, lo atraviesa con la verdad intacta.”

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“¿De qué sirve llamarse bancada provida si se deja morir a los que ya viven?”

El Principito llegó al Congreso y encontró a la Bancada Provida del Senado reunida, hablando con solemnidad sobre la defensa de la vida. Pero en sus pasillos no había niños, ni escuelas, ni sueños… solo comunicados, cámaras y discursos.

—¿Y esto es defender la vida? —preguntó el Principito con su voz suave.
Los senadores lo miraron sin responder. Porque su vida cabía en una frase, pero no en una acción.

Entonces el Principito escribió en la pared:
“Defender la vida no es decirlo, es hacerlo. La vida no se salva en comunicados, sino en los lugares donde duele: en la calle, en la escuela y en la familia.”

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El Principito y los Niños de Colombia

“El Principito miró la Tierra y se asombró: los hombres celebraban el Día del Niño el 31 de octubre, el mismo día en que veneran la oscuridad.

—¿Cómo pueden celebrar la luz en medio de las sombras? —se preguntó.

Vio niños disfrazados pidiendo dulces, mientras otros sufrían hambre, abandono y enfermedad. Y entendió que muchos padres regalan caramelos un día… pero olvidan el amor los otros 364.

“No disfracen la inocencia —dijo el Principito—, protéjanla.

Porque cuando un niño sufre, no solo se apaga una estrella… se apaga el corazón de una nación.”

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El Principito y la apología de la verdad

En el reino de las dos caras, callar es premio y decir la verdad es delito. La Reina no perdió su corona: cambió el oro por valor. Porque en un país donde todos gritan “libertad”, pocos se atreven a ejercerla.

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