¿Y los niños, señor Presidente?
“En un país que se proclama potencia de vida, los niños siguen siendo invisibles. Mientras más de 560.000 menores padecen desnutrición crónica, otros son víctimas de trata, mendicidad forzada o reclutamiento ilegal, sin que exista una respuesta real del Gobierno. Hoy, más que nunca, el Congreso tiene la oportunidad de asumir el liderazgo que el Ejecutivo ha dejado vacío, legislando con rigor y empatía por quienes no tienen voz: los niños, el presente y el alma de Colombia.”
Legislar para los niños es un deber, no una vitrina
“Legislar por la niñez no puede ser una consigna vacía ni una plataforma para figurar. El proyecto “Con los niños no te metas” revela una alarmante falta de rigor técnico y una peligrosa improvisación legislativa. La protección de los menores exige compromiso, conocimiento y respeto por quienes han trabajado con seriedad por años. Pero cuando se legisla desde el escritorio y no desde el deber, el daño no es político: es moral, social y humano”.
Colombia justa, Pero ¿Para Quién? La marcha que puede resucitar a Petro usando el nombre de Jesús
“Cuando la fe se mezcla con la estrategia electoral, lo primero que se pierde es la verdad. Este editorial no es contra el cristianismo, sino contra quienes usan el nombre de Jesús como marca electoral. Las iglesias son casas de oración, no trampolines políticos. Y Jesús, si estuviera hoy, no estaría en tarimas partidistas: estaría en las calles, con los que sufren”.
En el Día de la Independencia: 100 monedas de oro no compran la dignidad de un pueblo
Hoy, en el Día de la Independencia, no puedo dejar de pensar en el Negro José y Pedro Pascasio. Dos niños que, con apenas una lanza y todo el valor que les cabía en el pecho, rechazaron 100 monedas de oro por no dejar escapar al general Barreiro. Eligieron la patria. Eligieron la dignidad. Esa historia me marcó para siempre, porque entendí que ser colombiano no era un título, era un compromiso.
Y me duele ver cómo ese orgullo se ha ido perdiendo. Me duele ver cómo la corrupción, la mentira y un gobierno sin rumbo han hecho que muchos ya no quieran esta tierra. ¿Cómo sentirnos representados por instituciones que traicionan al pueblo, por un presidente que avergüenza más de lo que inspira? Hoy muchos prefieren irse, renunciar a su nacionalidad, porque ser colombiano ya no significa lo mismo que para Pedro Pascasio.
Pero yo sí me quedo. Yo no vendo mi país por ninguna moneda. Porque mi orgullo no está en el poder, está en la historia, en la gente, y en esos héroes que nos enseñaron que Colombia vale más que el oro.
“Ni el Presidente, Ni los Partidos Cristianos Tienen Derecho a Usar a Dios Como Estrategia Política”
Con Dios no se hace campaña. Con Dios no se juega. Y con la fe de los colombianos, mucho menos. Es profundamente preocupante ver cómo el presidente Gustavo Petro y varios partidos políticos, incluyendo aquellos que se autodenominan cristianos, utilizan el lenguaje religioso, los símbolos de la fe y hasta los púlpitos como herramientas para ganar legitimidad y votos. Convertir la fe en un instrumento de propaganda es no solo una falta de respeto, sino una blasfemia política. La religión no puede seguir siendo tratada como una estrategia electoral: la fe es sagrada, no una moneda de cambio.