El Principito y la Política de las Promesas Vacías

“Colombia está cansada.
Cansada del discurso fácil, del moralismo de tarima, de los políticos que convierten la fe en campaña y la niñez en una bandera que izan para las fotos y abandonan cuando llega la hora de legislar.
Un país que escucha sermones en campaña y excusas en el Congreso.
Un país que ve cómo quienes se autoproclaman defensores de “la vida y la familia” terminan votando proyectos que hacen exactamente lo contrario.

Y en medio de ese teatro, aparece El Principito, no como símbolo infantil, sino como la conciencia que interroga con preguntas simples aquello que los adultos intentan esconder con palabras grandilocuentes.

El Principito en el Circo de la Virtud Legislativa

Los legisladores del Planeta Congreso, con sonrisa de estampita y voz de misa, proclamaron:

—¡Defendemos la niñez! ¡Defendemos la vida! ¡Somos los guardianes de los valores!

Algunos incluso levantaban versículos como si fueran banderas, otros aseguraban representar “a la Iglesia”, y varias se presentaban como señoras virtuosas, custodias de la moral, voceras de principios cristianos que, al final, no se vieron reflejados en sus actos.

El Principito, confundido por tanta pureza autopromocionada, decidió revisar los hechos.
Ahí comenzó el desmonte del teatro.

Sí, existían 22 proyectos sobre niñez y vida entre 2022 y 2025.
Pero más que convicción, parecían souvenirs de campaña.

Solo 9 proyectos lograron avanzar,
y de esos 9, 6 contenen grietas peligrosas:
normas que debilitaban a la familia,
erosionan la patria potestad
y convierten la niñez en terreno de experimentación ideológica.

En su cuaderno dorado escribió:

“Cuando un adulto promete proteger pero firma leyes que entregan a los niños al Estado,
no es un guardián: es un administrador de ilusiones”.

Luego añadió, mirando a quienes invocaban a Dios mientras pactaban silencios y conveniencias:

“Peor que un lobo disfrazado de pastor
es un pastor disfrazado de santo”.

Esa frase resume nuestro drama político:
los mismos que hablan de valores son, con demasiada frecuencia, los que legislan contra ellos.

Un país cansado de ficciones

La ciudadanía ya no quiere discursos sobre la niñez: quiere coherencia.
No quiere más congresistas que prometen defender la vida pero legislan para las cámaras.
No quiere más voceros de la fe que negocian principios como si fueran votos intercambiables.
No quiere más escudos morales usados como herramientas de marketing.

Porque proteger a los niños no es un slogan, ni un púlpito, ni una foto.
Es legislar con coherencia.
Es no hablar de familia mientras se erosiona su autoridad.
Es no invocar a Dios mientras se vota por conveniencia.
Es entender que la niñez no es trofeo político.

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