El Asteroide Colombia y el Temblor en la Casa del Rey
“En el pequeño asteroide llamado Colombia, el Rey Petro pasó de gritar “libertad o muerte” a buscar la venia de Trump para “sacar la droga juntos”. Cuando un presidente cambia de postura tan drásticamente, no es estrategia: es señal. Algo saben en el Pentágono, la DEA, el Tesoro y la CIA para que el gobierno entero —desde Benedetti hasta Pizarro y Peralta— ande tratando de maquillar el temblor.
Incluso Cepeda, heredero del proyecto, ya carga el peso del candidato F4RC.”
Se acordó que la seguridad es el interés nacional de cualquier país, pero en el asteroide llamado Colombia, donde Gustavo Petro gobierna como un rey que alguna vez prometió “libertad o muerte”, hoy reina algo distinto: el temblor. No sé qué información tengan sobre él en el Pentágono, el Departamento del Tesoro, la DEA, el FBI o la CIA. Pero para que un presidente que se autoproclamó transformador, radical, desafiante del poder global, termine pidiéndole a Donald Trump “trabajar juntos para sacar la droga”, es porque —como dije— @SecRubio sabe más de lo que creemos.
Se nota el miedo 🍊.
En este asteroide, los personajes orbitan al Rey Petro como si fuesen variaciones modernas de los habitantes del Principito, pero con un matiz criollo que hace más evidente la fragilidad del libreto.
Armando Benedetti encarna al farolero: siempre encendiendo y apagando luces según el viento político, obedeciendo órdenes que no comprende pero que cumple sin pausa, como si su supervivencia dependiera de mantener iluminado el camino del monarca, aunque ese camino lleve al vacío.
Martha Peralta, desde su pedestal, opera como la vanidosa: segura de que toda crítica es una amenaza imperial y que cada aplauso, por pequeño que sea, confirma la grandeza del “proceso histórico”. El asteroide se achica, pero el ego sigue creciendo.
María José Pizarro, mientras tanto, es la protectora del retrato, aferrada a la imagen de un Rey que ya no existe, defendiendo —como en el cuento— un dibujo que todos saben que no es un cordero sino una caja vacía. Su papel es sostener el relato aunque se desmoronen los hechos.
Iván Cepeda, heredero tácito del proyecto, camina como el geógrafo que todo lo registra pero nada recorre. Para unos, el “siguiente en la línea”; para muchos colombianos, el candidato F4RC que hereda no solo el plan político sino también sus contradicciones.
Pero el personaje que vuelve más inquietante la escena es el que aparece en los márgenes del asteroide: alias Calarcá, con quien el gobierno reconoce haber tenido conversaciones. Esta revelación no se siente como estrategia de paz, sino como un síntoma de debilidad. En teoría de Relaciones Internacionales, especialmente desde el constructivismo y el realismo defensivo, un Estado que dialoga con actores armados en medio de un deterioro interno no proyecta fortaleza, sino una búsqueda desesperada de estabilidad a cualquier costo.
Y aquí está la palabra que define la coyuntura: desesperación.
Porque, desde el realismo clásico, la política exterior de un Estado es el reflejo de su poder interno. Si un presidente pasa de desafiar a Estados Unidos a buscar su cooperación urgente; si se mueve del discurso antiimperialista a mensajes conciliadores; si las élites políticas del pacto histórico gastan más tiempo cuidando la imagen del Rey que protegiendo la seguridad de los ciudadanos… entonces el sistema internacional lo huele.
Y cuando un sistema huele miedo, actúa.
El giro de Petro hacia Trump —quien no es un analista ni un senador, sino el Presidente de Estados Unidos— no es un simple acto diplomático. Es, bajo el lente de la teoría de la interdependencia asimétrica, una señal de reconocimiento de vulnerabilidad. Colombia depende de Estados Unidos más de lo que Petro estaba dispuesto a aceptar, y hoy el Rey del asteroide lo sabe.
Mientras tanto, Marco Rubio sigue lanzando advertencias. El pacto histórico continúa intentando recomponer una imagen que se agrieta cada día. Las bases digitales se comportan como bomberos corriendo detrás de incendios que no alcanzan a apagar.
Y en la cima de su pequeño asteroide llamado Colombia, el Rey Petro observa el cielo, tratando de asegurarse de que no llegue una tormenta desde Washington.
Pero el problema no es la tormenta.
El problema es que en política exterior, cuando un líder proyecta miedo… todo el sistema se mueve en consecuencia.
Y hoy, el asteroide se está moviendo demasiado.