El Rey que Le TIENE Miedo a la Verdad

“Prefirió la alocución al control político porque sabe que el micrófono no pregunta y el Senado sí. Declaró una emergencia económica y, en vez de defenderla ante el Congreso como ordena la Constitución, huyó al monólogo presidencial. Eso no es liderazgo, es cobardía institucional. Reemplazar el control político por propaganda es despreciar la división de poderes, burlar la Ley 5 de 1992 y tratar a los colombianos como oyentes pasivos. Un presidente que evade al Senado no gobierna para el país, gobierna para esconderse. Y un gobierno que le teme a las preguntas no busca soluciones: busca impunidad.”

En Colombia gobierna un presidente que confunde el poder con el micrófono y la democracia con el monólogo. Habla sin escuchar, decreta sin explicar y evade sin pudor el lugar donde la Constitución lo obliga a rendir cuentas. Mientras la economía se debilita, el empleo se precariza, la inversión se retrae y la incertidumbre se extiende, el gobierno responde con alocuciones vacías, no con verdad; con propaganda, no con control político.

El presidente declaró una emergencia económica y, en lugar de acudir al Senado para someterla al control político como ordena la Constitución, optó por llamar a una alocución presidencial. Prefirió el escenario sin preguntas al recinto del debate. Porque toda emergencia real resiste el escrutinio y toda decisión legítima se defiende ante el Congreso, que no es un enemigo sino su contrapeso constitucional. Reemplazar el control político por una alocución no es liderazgo: es cobardía institucional. Es desprecio por la división de poderes y una violación abierta al espíritu de la Constitución y de la Ley 5 de 1992, que obliga a quienes gobiernan a dar la cara ante el Legislativo.

El Principito, al observar este Reino, entendió pronto que el problema no era la oposición, sino el miedo. Miedo a las preguntas, miedo a la verdad y miedo a quedar en evidencia. El Rey elige el balcón porque allí nadie lo contradice, y sus ministros lo siguen como personajes grises: no gobiernan, repiten; no corrigen, justifican; no asumen responsabilidades, aplauden. Mientras tanto, las malas decisiones económicas golpean a millones de colombianos que pagan el costo de un relato que no se sostiene.

No ir al Senado y sustituirlo por una alocución presidencial no es un gesto menor. Es un acto de irrespeto a la democracia. Es tratar a los ciudadanos como espectadores pasivos y gobernar a espaldas de la ley. Un presidente que rehúye el control político no lidera, impone. Un gobierno que le teme al Congreso no defiende al pueblo, se protege a sí mismo.

Colombia no necesita más discursos basura ni más mentiras disfrazadas de pedagogía. Necesita respuestas, cifras claras, responsabilidad política y respeto por la Constitución que juraron cumplir. Que den la cara en el Senado. Que expliquen sus decisiones. Que asuman las consecuencias. Porque gobernar no es hablar solo. Gobernar es responder. Y quien no responde, no merece gobernar.

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