El Editorial del Asteroide > Un llamado a los protectores de las semillas
“Pido perdón a los adultos por hablarles de esta manera, pero en este pequeño planeta, ese que algunos de ustedes llaman el Congreso de la República, he visto cosas muy extrañas últimamente. Los adultos que habitan este asteroide son seres muy peculiares. Hablan muchísimo, caminan presurosos por largos pasillos, organizan reuniones que llaman "audiencias públicas" y murmuran en los rincones. Creen que con palabras están cuidando el planeta, pero yo he aprendido que las palabras, si no se convierten en acciones, se las lleva el viento del espacio.”
Me he dado cuenta de que, mientras los adultos de traje se esconden detrás de la burocracia para evitar los temas difíciles a veces porque les dan miedo, otras porque temen al costo político y a que no los vuelvan a elegir, otros habitantes han cambiado las reglas de nuestro mundo. Han ido a los jueces, a los tribunales de las altas cortes y a los ministerios. Han logrado, sin necesidad de hacer leyes en el asteroide, que la interrupción de la vida se convierta en un mandato, en una regla inexcusable de los hospitales. Han sido tenaces, como las raíces que buscan el agua subterránea sin rendirse, y han ganado terreno mientras los adultos del Congreso miraban hacia otro lado.
En cambio, los adultos del asteroide que dicen amar la vida, los que se llaman a sí mismos "provida", parece que se conforman con muy poco. Crearon un pequeño club, una "bancada", y se reúnen a lamentarse en los pasillos. Pero yo me pregunto: ¿de qué sirve un club si no protege verdaderamente a las semillas más frágiles? Si uno se descuida, los problemas crecen. Y los graves problemas de nuestro país son terribles: el reclutamiento armado de los más pequeños para guerras que no entienden, las enfermedades huérfanas que los adultos ignoran porque sus medicinas son muy caras, la falta de educación y el descarte de la vida misma. Si no solucionamos esto a tiempo, las raíces de estos males terminarán por hacer estallar el asteroide.
Año tras año, han intentado dar la batalla con proyectos de ley que terminan archivados o devorados por la burocracia; pero he comprendido que esa no es la estrategia correcta. No se gana esta lucha acumulando escritos en los escritorios. Por eso se propone la creación de la Comisión Legal de la Vida y la Niñez para sacar este tema del cajón de una vez por todas. Necesitamos este espacio oficial para lograr definir, por lo menos, en qué momento se concibe como vida ese ser que está dentro de la madre, y así acabar con tanta regulación que solo le ha traído muerte inocente a aquellos que no pueden hablar, todo esto con profunda humanidad y sin desconocer ni vulnerar en ningún momento a la mujer.
Es una cuestión de disciplina. Cuando terminas de arreglarte por la mañana, debes limpiar cuidadosamente tu planeta. No basta con hablar en los pasillos ni escribir declaraciones en papeles que nadie lee. Lo esencial es invisible a los ojos, sí, pero el valor y las acciones de quienes gobiernan deben ser muy visibles.
Por eso, hoy les hago un llamado a ustedes, representantes y senadores provida. Les pido que dejen de ser adultos que solo cuentan números o evitan el debate. Es hora de ponerse de frente, salir de las sombras y hacer realidad esta Comisión Legal de la Vida y la Niñez.
No podemos seguir perdiendo el tiempo en audiencias públicas que se quedan en el papel. Necesitamos una comisión real, con herramientas y firmeza, que tenga la fuerza de proteger a la niñez, a los nacidos que sufren en la guerra o en la enfermedad, y a los que aún no han visto las estrellas. Gobernar no es evitar los temas difíciles; gobernar es hacerse responsable para siempre de lo que se debe amar y proteger.
Por favor, actúen ya. Porque el tiempo pasa, y mi rosa, nuestra niñez y la vida misma es demasiado frágil para esperar a que los adultos dejen de tener miedo.